miércoles, 17 de octubre de 2012

El Regalo de cumpleaños

"Este cuento está basado en una fantasía real. Si quieren vivir un momento asi de especial, la chica protagonista existe y por un precio razonable los hará gozar tanto como al protagonista de esta historia. Su nombre es Valentina y pueden contactarla aqui: Valentina "

Ese día yo estaba molesto, molesto con el mundo y conmigo mismo. Era mi cumpleaños, pero nada me hacía realmente feliz. Venía llegando tardísimo del trabajo, pasadas las doce de la noche, y no quería saber de nadie.
Entonces sonó el telefono. Yo me estaba duchando, y hasta ese momento habia sido lo único bueno del dia. Escuché el chillido del celular mientras me jabonaba, emití un par de denuestos, apagué la ducha y a tientas recogí el apartó
-¿Alo?- Dije, sin disimular el disgusto.
Era mi hermano. Me hablaba atarantadamente, como si tuviera que decirme algo muy importante y las palabras se tropezar en su boca. Algo entendí de un favor muy importante, de una plata, de una amiga.
-Estoy saliendo de la ducha, ¿me puedes llamar en cinco minutos mas?
No le di tiempo a responder. Corté el telefono y me meti a la ducha nuevamente. Pero la magia ya habia terminado. Conociendo a mi hermano, en cinco minutos volvería a llamar y me sacaría una vez mas de mis cavilaciones.
Asi que me duché rapidamente, me puse el piyama, y en el momento en que iba a acostarme el telefono sonó nuevamente.
Resignado, respondí. Ahora le entendí mejor. Necesitaba un favor urgente, una amiga suya viajaba y necesitaba enviarle un dinero "ahora ya". Basicamente quería que me vistiera y partiera no se adonde a dejar una plata a las 2 de la madrugada.
No sé por qué, pero reprimí el impulso de mandarlo a la mierda. Era tanta su insistencia, y tanto mi cansancio, que decidí acceder. Le pedí la dirección y me dijo que tenia el número del edificio, pero no el del departamento:
 -¿Y como mierdas quieres que vaya si no sabes la dirección?
-Si la tengo, por aqui, pero anda ahora y te llamo en unos minutos mas, cuando la encuentre.
-Y si no la encuentras
-Pues la llamo y le pregunto, pero anda ya, porfa, te está esperando.
No sabia ni quería saber en que estupidez andaba metido. Me levanté recordando a su madre, que era también la mia, y salí al frio de la ciudad a dejar el dinero que me habia dejado esa tarde con el vecino.
Todo olía raro, pero yo estaba muy cansado como para ponerme a meditar.
Me demoré cerca de treinta minutos en llegar al edificio, que afortunadamente no quedaba tan lejos. me recibió un conserje tan somnoliento como yo. Di el nombre de la amiga de mi hermano, la destinataria del dinero. El tipo me miró y me dijo: Dice que lo espere tres minutos.
Lo que me faltaba. Estaba ahi, parado como idiota, a las 2 de la madrugada para dejar un dinero urgente a una desconocida, y me hacian esperar. En fin, me senté y esperé.
Minutos después me avisaron que podía pasar. Me levanté, tomé el ascensor. Llegué a un pasillo iluminado y busqué el departamento. Toque el timbre, esperando que alguna señor de bata y con rulos y más sueño que yo me abriera la puerta de mala gana, recibiera el dinero de un tirón y ni siquiera me diera las gracias.
Entonces se abrió la puerta.
Y lo que vi no lo pude creer.
Frente mio se encontraba la mujer más espectacular que habia visto en mi vida. Hermosa, alta, atletica, sexymente tatuada... y en sostenes y calzones.
Y no cualquier sosten y calzón: eran unos sostenes chiquitos y unos calzones diminutos con franjitas que dejaban ver, claramente, una concha depilada y exquisita.
Perdí el habla. Ella sonrió coquetamente y me hizo pasar, tratando de no hacer patente que se daba cuenta de mi nerviosismo extremo. Yo pensaba, cresta, la mina esta casi en pelotas y me hace pasar, que cosa mas loca.
Me imaginé que me recibiría el dinero y yo saldría de ahi unos minutos despues con el consuelo de haber visto un culo hermoso, pero cuando entré se puso a conversar sin parar y me ofrecio algo de beber. No podia decirle que no a un monumento de mujer en pelota frente a mi. Ademas, no podia sacar mis ojos del clitoris delicioso que facilmente se vislumbraba, ni de los tatuajes exquisitos de sus piernas. Pensé por un momento que esa noche sería de muchas, muchas pajas.
La chica buscaba un par de vasos y una bebida y paseaba su culo de aqui a allá. Yo no podia sacar la mirada de ese cuerpo exquisito. En un momento se agachó para dejar el vaso en la mesa y su culo quedó a centimetros de mi. Tuve que morderme la lengua para aguantar las ganas de besarlo.
Me pasó el vaso, se sentó a mi lado y me dijo
-¿Tu hermano no mandó algo para mi?
Solo en ese momento recordé el dinero y las razones por las que me encontraba ahi.
-Oh, si claro, tartamudié mientras sacaba el dinero y se lo entregaba.
Ella lo recibió, lo contó, y yo ya me paraba para irme (pensando en que quizas me tendría que pajear en la calle porque no aguantaría media hora hasta la casa), cuando ella me dice:
-¿Tú sabes para que es este dinero?
-No -respondí
En ese momento la muchacha se recostó en el sillon. abrío sus largas, bellas y tatuadas piernas, corrió el calzón ligeramente con la mano dejando su choro delante de mi en toda su gloria y majestad, y me dijo:
-Porque tu hermano quería regalarte la fantasía que siempre has tenido: cojerte a un puta tatuada como yo.
Debo reconocer que pasaron varios segundos antes de que yo asimilara ese mensaje. La muchacha rió y me dijo:
-¿Que pasa? ¿No te gusta?
Lo unico que atiné a decir fue:
-O sea... o sea... que puedo culearte.
Ella rio y dijo:
-Claro, puedes culearme, puedes agarrarme el culo, las tetas, la concha, puedes ponerme en cuatro y cojerme como una perra...
Pero no la dejé terminar porque en ese instante me arrojé sobre su zorra gloriosa y lamí su choro con deleite. Oh, que sensación esa de tener un clitoris depilado, limpio, joven y fresco y lamerlo a placer.
No se cuanto rato lami su concha, mientras escuchaba sus gemidos de placer, pero de pronto ella se lavantó y vi que ya estaba desnuda: puse mis manos en sus tetas, ella se dio vuelta y comenzó a refregarme el pico con el culo.
-Que tremenda pinga que tienes... -susurraba.
Yo tenia el pico tan duro que me dolía, y casi no creia lo que veia en el espejo: mis manos en sus tetas,  en sus piernas, en su culo.
Al rato se agachó, me bajó los pantalones y se tragó mi verga sin decir ni siquiera amen. Chupaba el pico como solo las verdaderas expertas, como solo las putas de corazón lo hacen: con desesperación, como si necesitaran atragantarse con la pichula. Solo a ratos se la sacaba de la boca para exclamar "pero que pico, pero que tremenda callampa" y se la metia de nuevo como un dulce al que no podia resistirse.
-¿Me quieres poner en cuatro?
No esperó mi respuesta, se dio vuelta, se puso en cuatro. No puedo describir lo glorioso que es ver el culo parado de una mujer escultural y tatuada. Solo atiné a enterrar mi pichula en esa concha mojada y sabrosa, en meter, sacar, meter, sacar, meter, sacar, cada vez más rapido y fuerte, mientras ella gritaba de gozo y me decia "eso, cojeme, culeame como a una perra, soy una perra caliente, necesito pico , necesito más pico" y yo le enterraba mi pico con más fuerza, y ella movia su culo redondo y petreo y mi verga desaparecia dentro de su zorra maravillosa y hambrienta.
Culeamos mucho rato, yo arriba, abajo, de lado, tomando con fuerza sus piernas torneadas y siempre ensartando la pinga en esa concha que nunca parecía satisfecha. Ella saltaba sobre mi verga como una perra enceguecida por la calentura, gritaba,  gemia, decia mi nombre, gritaba que en su vida se habia tragado muchos picos pero que ninguno era como el mio.
Casi como si lo sintiera, cuando mi cuerpo ya no pudo mas, se hincó ante mi dejando  que el chorro de moco que salió desparado de mi verga de derramara en sus tetas turgentes.
Y ahi quedé yo, cansadisimo y feliz, observando ese cuerpo fantastico, tatuado, hermoso, bañado en mi leche, sonriendo de haber sido culeada, cojida como una verdadera puta, una puta de corazon, una de esas putas que simplemente aman el pico, aman chupar vergas, aman ser ensartadas por una poronga.
El resto no es necesario contarlo. Me fui del edificio con una sonrisa dibujada en el rostro, con recuerdos inolvidables y con los cocos adoloridos. Adoloridos, pero felices.







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